Marcado

Por aquello de cultivar esta irresistible tendencia y vocación de estar en minoría, es necesario terciar en el tema del nombramiento de Ferdinand Mercado para presidir el Tribunal Supremo. La señora Calderón  hizo lo que los demás gobernadores hicieron antes, lo cual no quiere decir que repetir acciones pasadas esté bien. No. No se repiten viejos errores. Pero vengo con bastón, cojeando de regreso de muchos caminos y traigo a cuestas una barba blanca que me quita inocencia y en algo me obliga a reflexionar. Aclaro de entrada: no tengo candidato ni soy de su partido.

Desde que el nombre de Mercado comenzó a ser mencionado para el Supremo, me imaginé el barullo que se formaría y entre quiénes se formaría. Cuando se dijo que, de ser nombrado, sería para presidir el Tribunal, entonces recurrí al método largo de la señal de la cruz y pensé en el jaleo y la conmoción.

En este país nuestro de cada día se vive en un espectáculo de luces y colores donde con falsas poses de seriedad, todo el mundo se coge de bobo recíprocamente y se repiten y adoptan las razones ajenas sin pensar en sus verdaderos fundamentos.  Cuando escuché su nombre, pensé en su extracción y origen académico y no se me hizo difícil saber lo que la crítica de la intelectualidad cosmetológica argumentaría: no está capacitado, no tiene experiencia y, de ñapa, es político. Es ahí donde la blancura de la barba me hace reaccionar. (¿Que es político? )  Es que se olvidaron de Fuster, Corrada, Rivera, Andreu y Hernández? ) ¿Dónde se obtiene la experiencia para ser juez presidente? No se trata de eso. Se trata de otras cosas que no se dicen porque aquí todo el mundo quiere vivir en la hipocresía del caché, del espectáculo y de la falsedad. Los opositores se dividen en dos: los elitistas que lo critican y los que se copian de éstos. Los primeros tienen discrímenes ocultos, que no se atreven a decir. Los segundos defienden sus razones con recalentados argumentos de segunda mano, carentes de originalidad e imaginación.

Las críticas fundamentalmente se originan en los partidos de oposición. Así tradicionalmente lo han hecho cada vez que un gobernador nombra a un juez del Supremo. A la “soltá”, se dispara de la vaqueta y se dice que el candidato no está cualificado, que no tiene experiencia, que está muy identificado con la política. Pero, curiosamente, aquí ha pasado algo distinto a los otros nombramientos. Algo raro hay cuando, ante la inminencia del nombramiento, la elite de la oposición política ha transado para que el designado sea Hernández Denton, actual Juez Asociado del Tribunal Supremo. A este juez, nombrado por Hernández Colón, también le cayeron encima porque estaba identificado con el partido en el poder y no tenía experiencia ni conocimientos. Algunos fueron tan canallas que, en aquel entonces, cuestionaron su capacidad argumentando que había fracasado en su primer examen de reválida, como si revalidar tuviera algo que ver con la justicia. El que antes fue criticado, ahora sospechosamente resulta ser el favorito de sus anteriores detractores. De paso, creo que ha sido un magnífico juez, hecho que nadie cuestiona.

¿Cómo se explica que los críticos de aquel impuesto nombramiento de entonces son ahora sus más apasionados y vehementes defensores? ¿Tendrá que ver esto con la blanquitería que se vive en Puerto Rico? ¿Será que el nombrado no tiene el linaje o  cuna tradicional para estos empeños? ¿Será que no se graduó de alguna universidad extranjera, de ésas que tienen un glamourirresistible entre los trepadores de la intelectualidad puertorriqueña? ¿Se ha fijado bien en la gente de arriba que origina las críticas? ¿De dónde provienen, en qué trabajan, qué apellidos e historia familiar les acompaña? ¿Se ha percatado usted de la extracción y formación de los restantes jueces del Supremo? ¿Será que en este país existe un solapado kuklusclancito criollo, fundamentalistas intelectuales de discrimen y linchamientos?

Carlos Pesquera, en ese precoz climaterio intelectual que lo caracteriza, dijo una retahíla de embelecos para concluir que no hubiera designado a Mercado. Aníbal, al que una vez tampoco quisieron, y que llegó segundo, fue empujado por sus compañeros egresados, y diciendo sin decir, rechazó a Mercado, intentando así, que el próximo en el Supremo sea como él: el segundo. Bathia, por su parte, fue el primero que voló a oponerse.

Dios me libre de pensar que los opositores lo hacen porque Mercado es de cuna humilde, hijo de empleados de gobierno, producto de escuelas públicas y egresado de la Universidad Interamericana. Algo de ello adelantó la gobernadora como pie forzado.

No quiero que nadie piense por mí. Tampoco quiero coger pon  con el caculeo intelectual nativo. Un buen juez es el que hace justicia. Aunque nos han hecho pensar lo contrario, no se necesita saber mucho de Derecho. Como diría Osorio, la justicia viene de mucho más alto y de mucho más lejos que todas esas leyes, órdenes y reglamentos. Además, es tradición en la judicatura, que con elnombramiento, como por arte de magia, llega el conocimiento.

Mercado será tan buen juez como buen ser humano sea, y será tan buen administrador como los demás componentes del sistema se lo permitan. Es una pena para ti, Hernández Colón (y para todos los que usan tus razonamientos y prejuicios) pero los apellidos, las clases y todo lo que representan, se les están acabando.