Ángeles guardianes

No tengo dudas de que los guardianes son asunto de inspiración divina. Sin discrimen, y directamente desde el cielo, cada mortal tiene asignado su guardián de cabecera. Si ése es el dictamen celestial, sencillamente, y sin más discusiones, es que necesitamos de ellos. Como la igualdad se presume en esos mundos de Dios, pues, a cada uno le toca uno. Los guardianes angelicales no sólo nos protegen, también nos sirven de compañía y de recaderos, por aquello de que cada uno de los mortales tenga escolta y a alguien para mandar. Ángel de la Guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día.

Los Ángeles de la Guarda no son sólo para algunas personas. El sumo creador sabe más que eso: basta con estar vivo para tener uno asignado. Esas leyes gloriosas que los políticos abrazan en los clamores a Dios en la búsqueda de votos, no dicen que usted tendrá su angelazo si se porta bien, o si es importante, o si gana mucho, o si tiene un ego hipertrofiado, o es un megalómano que bota la bola, o tiene tal o cual apellido. No. Poco importa que usted sea especial y que frunza el entrecejo como Rafael el Gallito para dar la impresión de que está pensando cuando lo que tiene es un salvaje aburrimiento por sus naderías absolutas.  Lo que importa es que sea una criatura de Dios.  Por ejemplo, ¿qué de especial tiene el Gobernador, o el de Acueductos, o el de la Cámara, o del Senado? ¿Qué pinta en este país una Diana Luna, empleada de Transportación y Obras Públicas o un Julio Álvarez que dirige algo relacionado con los caballos? ¿Quién le puede hacer daño a un Julio González de Instituciones Juveniles, a una Yolanda Zayas del Departamento de la Familia o a un juez del Tribunal Apelativo? ¿Qué compone en este bendito país un Rafael Hernández con todo y sus nenes, un Carlos Romero o un Pedro Rosselló y mucho menos una viuda llamada Tiody? Su insignificancia es tan absoluta que ni un asalto se merecen, no diga usted un secuestro o algo parecido. ¿Quién cargaría con uno de estos especímenes para pedir algo a cambio? ¿Quién osaría pagar un rescate? Pues para que vea cómo son las cosas del Señor, y que no se casa con nadie ni discrimina, todos los mencionados, aunque usted no lo crea, tienen asignado su Ángel de la Guarda aunque no sirvan para nada y sea una botarata celestial de ángeles.

Entonces, por esta lógica angelical y por otras sencillas razones, no es una perogrullada decir que el origen de los guardaespaldas es de naturaleza divina.  Es por eso que no se deben eliminar, se deben aumentar. En este país todo el mundo tiene derecho a tener su guardaespaldarcito, que es como el Ángel Guardián personificado, para que le cuide sus orgullos, que por lo que indica el nombre, da la impresión de ser un asunto de traseros. No tengo problema alguno con que Diana Luna, Tiody, Jorge Rodríguez, Julio Álvarez y cualquier otro empleado nuestro tenga, además de su Ángel Guardián, su guardaespaldas personal. Sin embargo, me opongo furiosamente a que sean algunos ejemplares nada más los beneficiados de ese favor de origen divino, mientras los demás ocupantes de este embrollado país nos tenemos que conformar con una mísera fracción de policía por individuo.  El gobernador y todo aquél que quiere ganarse un poco del favor del pueblo con el asunto éste de que no hay dinero para nada, se la pasan hablando de eliminar los guardaespaldas. A mí eso me parece una herejía, un sacrilegio.  Si el gobernador y todos los que tienen la espalda guardada lo pensaran bien, aumentarían la contratación de esos magníficos servidores verdaderamente públicos con funciones privadísimas y a cada uno de los gobernados, que somos quienes al fin y al cabo pagamos por ellos, nos asignaban uno.

¿Acaso doña Lola, la doña que vive en el callejón de Pepe criando artesanalmente tres niñas, no se merece dos o tres guardaespaldas que la protejan de tanto ladrón gubernamental? ¿Es que don Pancho el ciego, que vende bolita para pagar la pensión de los nenes no se merece un manganzón de esos grandes, con camisa apretada hasta la asfixia, que lo proteja de que un Jorge Rodríguez no le meta su acuosa mano en el bolsillo?

¿No cree usted, amigo desguardaespaldado, que es más importante proteger a doña Lola o a don Pancho que a Sila, a Romero o a Hernández con todo y su guille de profundo pensador y sus demás iguales? ¿No es más importante un maestro que un espécimen que trabaja con el deporte hípico? Aún así, no pretendo que le quiten la comparsa a esos vividores que la usan como séquito de reyes para pasearse con fanfarria y distinguirse como principitos.  Si nos dejamos de hipocresías y de verdad todos somos iguales,  por Dios, que se contraten más guardaespaldas y que a cada ciudadano se le asigne por lo menos uno, incluyendo a los guardaespaldas.

Y señores, sean más originales y economicen en otra cosa.

Ángel de la Guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día, no me dejes solo porque me perdería.

Coda: Como estoy segurisísimo de que Rubén no tiene esos guilles de iluminado, especial y genio, ni se está disputando la mesianidad con Pedro, no tengo dudas, ninguna, en absoluto, de que no tiene guardaespalda asignado.  Y que Dios, en este capítulo angelical, nos coja confesados.