Los comisionados

Hay palabras que por más lindas que suenen, no se deben utilizar. Mucho menos se deben usar para designar personas que se pueden confundir con alguno de sus significados. Una de ellas lo es «comisionado». Comisionado viene de comisión y entre las acepciones de comisión está la actividad remunerada según porcentajes establecidos al emprenderla. El contratante recibe como pago un por ciento del beneficio del negocio. Eso no es malo siempre que exista un contrato de comisión. Pero si usted es un altivo, poderoso y temible comisionado público, no puede equivocar el significado de su designación y trabajar a comisión. No solo no lo puede hacer sino que tiene que demostrar que no lo está haciendo. Así lo requiere la fe pública la cual siempre está pendiente de su decencia, honor y entereza.

Un Comisionado puede convertirse en mandadero de Fortaleza, que es quien lo selecciona y lo nombra por sus méritos partidistas. Un alicate con prendedor de estrella de oropel en gestiones de cobro por su entrega, puede llamar a algún alátere del ejecutivo y pedirle el encargo de que un comisionado fastidie a alguien. Con todos los poderes para molestar que le brinda la ley, el Comisionado podría hacerle la vida imposible a cualquiera que no sea de su partido aunque finalmente se descubra que lo que hacía era un mandado de Fortaleza.

Veamos un ejemplo hipotético. Joseph O’neill (no crea, es de aquí) es el bravo Comisionado de Instituciones Financieras que incluye a todas las instituciones financieras del país. Es así porque desde hace algunos años y por la influencia de las sombrillas gubernamentales (aparato que protege muy mal al gobierno), este señor es el manda más en toda actividad relacionada con la banca en Puerto Rico. Antes que nada y para no confundir el propósito de estas notas, no mencionaré que su oficina tiene un contrato de servicios profesionales con el bufete Nevárez ni su relación con varios banqueros, ya que presumo que esto en nada afecta su responsabilidad primordial de busconear, fiscalizar y supervisar a todas las instituciones financieras. Uno de los negocios que el Comisionado fiscaliza y supervisa desde hace unos años es el de las Cooperativas de Ahorro y Crédito. Las cooperativas son creadas por el pueblo para defenderse de la banca comercial a través de la cooperación y aportación intentando evitar el «sálvese el que pueda» de la libre competencia y no resultar muy afectados por ésta. Sin abundar mucho, antes las cooperativas tenían un inspector que sabía de cooperativismo. Eso se acabó. Como ya indiqué, ahora las cooperativas de ahorro y crédito son fiscalizadas y supervisadas por el Comisionado de Instituciones Financieras. Eso no es nada malo si no fuera porque ese Comisionado también fiscaliza y supervisa a la banca comercial. La banca comercial es de los banqueros que se las buscan haciendo negocios de banco y las cooperativas son del pueblo, dirigidas por el pueblo, haciendo negocios para el pueblo, por lo que son «el banco del pueblo», a pesar de que por ahí hay un banco comercial que tiene por chiste identificarse de esa forma.

A menos que seamos demasiado bobolones, debemos suponer que el Comisionado es amigo de los banqueros los cuales resultan ser tan pocos que pueden dar un viaje de placer en una guagua escolar de esas amarillas que abundan en este país de bienes sin educación. Es normal y bueno que sus panas compartan con él. Lo que pasa es que como esos amigos no son mudos, sin darse cuenta, pueden pedirle favores, trato preferente y tiempo, que es de lo que en esencia viven los bancos. No digo que él acceda a sus pedimentos, pero eso puede pasar y el hombre se nos puede encandilar. Además, me sospecho que los bancos y sus banqueros también tienen que ver con el nombramiento del Comisionado por aquello del poder económico y los donativos políticos. Esa relación no se puede dar con las cooperativas ya que éstas son dirigidas por líderes voluntarios que la ley no permite que permanezcan mucho tiempo en sus posiciones ya que por elección democrática  cambian año tras año. No sólo esa relación no se puede dar sino que no es deseada por los cooperativistas que son gente decente.

Imaginemos por un momento lo inimaginable: que a los amigos banqueros, sin intención alguna, se le zafe pedirle al Comisionado que frívolamente fiscalice, supervise, moleste, acose e intervenga en las cooperativas porque son una competencia peligrosa para ellos. Para ello el comisionado cuenta con una legislación de bobos que crea una oficina de un embeleco llamado interés público y unos oficiales examinadores (generalmente, políticos inútiles retirados o ex jueces de la misma especie). Si el Comisionado accediera a tan malvado pedimento, la banca comercial le monta un estorbo oficial, gratis y continuo a las cooperativas con todos los requerimientos tontos e intervenciones de encargo que a cualquier banquero barato y de imaginación promedio, se le pueda ocurrir iniciar. Mientras más el Comisionado las asuste, las haga gastar y se entretenga con ellas, mayor será el beneficio de la banca comercial. Igual pasaría si permite que cualquiera las desacredite y no cumple con el deber ministerial de defenderlas que le impone la Ley 6, artículo 10.07.

Lo anterior no es más que un ejemplo hipotético de lo que puede pasar con un comisionado que actúe a comisión. Pero todo esto es pura suposición porque si algo así pasara, el gobernador y la legislatura, raudos y veloces como siempre, tomarían cartas en el asunto y resolverían el problema. ¡Me da una risa!