La pobreza como delito

El Tribunal Supremo de Puerto Rico, en opinión de 2 de marzo de 1999, sin ningún rubor, asombro ni reparo, nos dice:

El 14 de noviembre de 1994 el Departamento de la Familia, en adelante el Departamento, presentó una “Petición” en la cual alegaba que cinco de los hijos menores de la señora Cándida Soto estaban viviendo en condiciones inadecuadas al carecer de los recursos básicos para vivir. A saber, les faltaban enseres en el hogar, ropa, artículos escolares, entre otros. Que a pesar de los esfuerzos desplegados por el Departamento para mejorar su condición, la situación de estos menores no había mejorado. El 15 de noviembre de 1994 el Tribunal Municipal de Caguas ordenó que los menores fueran puestos inmediatamente bajo la custodia provisional del Departamento. Sin embargo, con el fin ulterior de devolver los menores al seno del hogar, el Departamento implementó un plan de servicios. En consecuencia, todos los menores fueron ubicados en hogares de crianza bajo el cuidado de custodios de facto. Cónsono con el plan se presentó el primer informe de la Técnica de Servicios Sociales asignada al caso y el 29 de marzo de 1995 se celebró en el Tribunal Superior la Vista de Ratificación, en el cual se mantuvo la decisión de concederle al Departamento la custodia provisional de los menores. Según se desprende de informes posteriores, inicialmente no se obtuvo una respuesta positiva al plan de servicios por parte de la señora

Soto y el señor Ayala, debiéndose ello en gran medida a la crítica condición de pobreza en la cual vivían.

Así las cosas, el 8 de septiembre de 1995 (cuando M.A.S. tenía apenas 4 meses de vida) se presentó una nueva “Petición” por el Departamento. En esta se alegaba que los padres biológicos de M.A.S. lo estaban alimentando con agua de azúcar ya que no tenían dinero para comprarle leche y que la que habían podido conseguir se le había dañado por falta de energía eléctrica.

Por orden de un juez municipal M.A.S. fue removido del hogar de sus padres. Se le concedió provisionalmente la custodia al Departamento y se ubicó al menor en el hogar de la señora Alba Viguie Muñoz y el señor Charles R. Ruff. (subrayado nuestro)

Lo trascrito dice lo que dice sin añadirle nada. Así es. Eso que leyó fue lo que pasó y es lo que es. Otra cosa sería tratar de decir lo que no pasó, lo que no se dijo, lo que a usted le gustaría estar leyendo pero que no leyó. Ahí dice eso mismo: “cinco de los hijos menores… estaban viviendo en condiciones inadecuadas al carecer de los recursos básicos para vivir. …les faltaban enseres del hogar, ropa, artículos escolares, entre otros.” El Tribunal, que con todo su poder de parens patriae, no acaba de entender que no es parte del ejecutivo y que no tiene que hacerle el juego, ordenó que los menores fueran puestos inmediatamente bajo la custodia del Departamento “con el fin ulterior de devolver los menores al seno del hogar…” y para ello “todos los menores fueron ubicados en hogares de crianza bajo el cuidado de custodios de facto”. De facto y de jure.

Después de esa expropiación, confiscación o robo de niños, el Departamento de la Familia, actuando contra esta familia y como autor de la barbarie, rindió un informe y el Tribunal ratificó la concesión de custodia provisional ya que según dice la sentencia, no se obtuvo una respuesta al plan que le presentó el Departamento a la madre “debiéndose ello en gran medida a la crítica condición de pobreza en la cual vivían.”

Pero eso no se queda ahí. Para consumar la avería total, el Departamento presentó una nueva Petición en la cual alegaba que la misma madre pobre alimentaba a su hijito (el último que le quedaba) con agua de azúcar ya que no tenía dinero para comprarle leche y la poca que pudieron conseguir se le dañó por falta de energía eléctrica. Lo menos que a cualquier mortal se le ocurriría decir sería: ¡luz con ellos! No señor. ¿Sabe usted lo que pasó entonces? Jamás se lo imaginaría si no lo hubiera leído. El Tribunal también removió a este niño del hogar, le dio la custodia al Departamento y este se la dio a unos esposos, buenos señores de apellidos raros. Curiosamente, en ningún lugar de la decisión transcrita se habla de falta de amor o maltrato emocional hacia los niños. Tan solo se habla de pobreza y de pobres y los pobres y la pobreza son delitos graves en este hermoso y criminalizado país y como usted ha visto, la pena que se le impone es alta. ¡Mucho cuidado con la histeria que algunos casos puedan haber generado! Hay casos y casos y hay que distinguir los casos.

Consternado por el cuento de horror antes citado, me imaginé al Gobernador en violento arrebato de aburguesada bondad con todo su “insumo”, Departamento de la Familia y Maga, corriendo como loco detrás de aquella mujer que en fría madrugada y en un pesebre (lugar donde comen las bestias) mimaba y abrigaba entre pajas y amor a su hijo, esperanza y salvación del mundo. Quizá la encontraba dándole a su niño un poco de agua azucarada. El Pediatra gritaría: ¡Los niños primero! La Madre diría: “No tengo otra cosa que darle, pero le suplico que no me quite al nene para darlo al que come pan de maldad y bebe vino de robos”. El Pediatra, haciendo gala de su clásica torpeza, seguramente contestaría: “La sorprendí en pleno acto de pobreza, entregadme al niño, que Herodes le buscará buena madre que le brinde leche y abrigo”.